El viaje va llegando a su fin, y en este post, la última entrega viajera. Desde Suecia cruzamos todo el continente europeo y el mar mediterráneo para llegar a Marruecos. Un destino que siempre había tenido en mi cabeza, que por suerte pude visitar. El avión nos dejo en Marrakech, una ciudad del centro de Marruecos, aunque es considerada por los marroquíes como una ciudad del sur por la rivalidad con las ciudades más cercanas a las costas del mediterráneo. Lo más importante de Marrakech es la plaza, Djemaa el-Fna, en el centro de la ciudad. Parecería bastante aburrido pensar en que la atracción principal es una plaza, pero esta es muy especial, al punto de que todo el contexto, sonido y mercado que allí se organiza es considerado por la UNESCO como patrimonio de la humanidad. Es un teatro callejero. Monos, serpientes, adivinadores del futuro, artistas, paseos en sulqui. Cualquier cosa se puede conseguir ahí. Y como quién todo lo observa está la torre de la mezquita de la Koutoubia. Esto se encuentra dentro de la medina de la ciudad, que es una zona amurallada, donde originariamente estaba la ciudad. Los souqs (mercados) también están allí dispersos entre miles de callecitas. Saliendo de la medina la ciudad nueva recuerda a cualquier ciudad grande del mundo, con arquitectura nueva y donde se pueden encontrar sucursales de cualquier compañía internacional. Todo tiene un denominador común el color rojo de las construcciones, el mismo color que la tierra, lo que da un paisaje pintoresco y distintivo del resto de los lugares. Los jardines de Menara forman parte de los atractivos turisticos de la ciudad que no dejamos de visitar.
Haciendo base en Marrakech, viajamos unos kilómetros al norte hacia Ouzoud, donde se encuentra uno de los saltos de agua más importantes de Marruecos con más de 100 mts de altura. Además de la visita a la cascada es interesante el entorno en el cuál se pueden encontrar varios tipos de plantas, animales salvajes, como monos y el color rojizo en la tierra que caracteriza la región. Haciendo una analogía se podría decir que este lugar es una mezcla entre las cataratas del Iguazú (muchísimo más chicas, por supuesto), enclavadas en un entorno similar al del valle de purmamarca, por la variedad de los colores en las rocas.
Abandonamos la colorida Marrakech y partimos hacia Ouarzazate, la puerta del desierto, donde se filmaron películas como Gladiador, Stars Wars y otras. La ciudad es pintoresca pero no hay tanto para hacer allí, salvo visitar los estudios de filmación para los amantes del cine. El lugar nos sirvió para conseguir la tan esperada excursión por el desierto del Sahara. Antes de eso emprendimos un camino por el Atlas, que es la cadena montañosa más grande de Marruecos. Entre los puntos más interesantes que vimos fueron el Oasis de Skoura, el valle de las rosas, el valle del dades, la garganta del dades y la garganta del todra. Entre lo más increíble de esto destaco ver en vivo un oasis y una visita a una familia nómada que vive en el desierto en unas especies de cuevas, medio increíble pero real en pleno siglo XXI.
Y por fin llegamos al Sahara, EL desierto. Más específicamente a Erg Chabbi, una zona de dunas cerca de la ciudad de Merzouga. El plan fue pasar una noche en el desierto (en un campamento) y llegamos en dromedario, cruzando unas dunas de arena de una altura impresionante, en medio de un paisaje de película. Una arena fina en la que daba gusto caminar y desde la que pudimos ver la caída del sol. Al llegar al campamento pudimos disfrutar de la inmensidad del cielo, la noche y las estrellas en el gigante de arena. Una experiencia alucinante en uno de los lugares más famosos del mundo, como lo es el desierto del sahara.
Lo que siguió fue Fes, una de las ciudades imperiales de Marruecos (junto a Marrakech, Meknés y Rabat). Lo más increíble de esta gran ciudad es su medina, la más grande del mundo. Un verdadero laberinto con más de 1000 calles sin salidas y mercados en los que se puede comprar cualquier cosa. Cerquita está Meknés que tiene la medina más antigua y por esos lados están las ruinas de la villa romana de Volubilis, donde hay anfiteatros, basílicas, arcos y mosaicos, legados del imperio romano por estos lugares.
No podíamos irnos sin visitar la capital del país, Rabat, la cuál es la segunda ciudad más poblada, después de Casablanca. Es una ciudad que vale la pena visitar ya que es completamente distinta al resto de las ciudades visitadas con un toque de arquitectura francesa. Como dato histórico Marruecos fue colonia francesa hasta mediados de los años cincuenta. El último punto recorrido en este increíble viaje fue la ciudad de Essuaoira, una localidad pesquera del oeste del país con costas al Atlántico.
Bueno, hasta acá fue todo el viaje. No se si luego haré algún resumen o algo pero en noticias esto es lo último! Agradezco a todos los que me siguieron desde el primer post y a todos los que más o menos estuvieron!! Saludos a todos y ahora a comer los asados postergados!!